| DANZA CICLO ELENA CÓRDOBA ENTREVISTA Realizada en enero 2005 en el estreno de Silencio en el Teatro Pradillo. | Por Laura Kumin | Del 9 al 19 de Junio / 20h30 |
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“Silencio”, la décima obra de larga duración de Elena Córdoba nació a raíz de un proceso de un taller de creación desarrollado en la Casa de América, dentro del Festival de Creación Escénica Invertebrados, este mes de enero se estrena en nuestro teatro. ¿Cuál ha sido la relación entre ese proceso inicial y “Silencio” y las bases que pueden tener en común? Invertebrados fue como abrir una puerta y encontrar una materia diferente detrás de ella. Por esto decidí hacer una obra a partir de ese primer acercamiento. En Invertebrados trabajamos sobre la animalidad como una de las materias en las que se apoyaba nuestro encuentro. Lo que allí era un apunte aquí será el eje del trabajo físico y poético de esta obra. Por eso creo que serán dos resultados muy diferentes. Lo que sí se mantiene como un hilo conductor de toda la obra es el contraste entre esa presencia animal en el cuerpo de los bailarines y los textos de Antonio Fernández Lera que proponen una reflexión poética sobre la felicidad y la infelicidad en el hombre. Hay otro aspecto: Son ocho bailarines. Silencio es una obra que no está construido sobre la individualidad de cada bailarín, sino sobre un relato de grupo y por lo tanto para mí es un trabajo que nos remite constantemente a un contenido social. ¿Por qué este interés en la animalidad? Quizá al mostrar comportamientos animales en personas, al profundizar en ellos, al ver a los bailarines saltando a cuatro patas, olisqueándose y con la cabeza tan cerca del suelo, me ayuda a mostrar que la estima en la que tenemos nuestra imagen y nuestros actos, es excesiva y que pensar que la naturaleza nos pertenece es otro de nuestros errores. “No somos más que una chapuza comparados con la naturaleza” decía Robert Walser. Silencio, en su búsqueda de enseñarnos como animales, quiere poner en escena esta chapuza. ¿Cómo planteaste el proceso de ese trabajo social y cómo se está evolucionando en la práctica? Más que pensar en un trabajo social es un imaginario que sale cuando ves a ocho personas que evolucionan a la vez. Hace tiempo, desde “Los Negocios acaban a las 10”, mi trabajo bascula entre la individualidad del bailarín y una materia colectiva, que nos lleva a pensar a la vez en el individuo y en sus comportamientos en sociedad. La reflexión sobre nuestra sociedad es una constante en mi obra y quizá, la forma que tengo de plasmarla en escena es recurrir a este anonimato que propone una obra de grupo. ¿Cuáles son los aspectos de este trabajo colectivo que más te interesan a la hora de trabajar y dar forma a la obra? Para mí tiene dos aspectos: uno digamos “formal” que es la capacidad de multiplicar y destruir las imágenes construidas, de crear un discurso que no es lineal, que es la mezcla de muchas voces hablando juntas. Es como un espacio de energía más que imagen. Y como tal yo lo cimiento, voy poniendo las bases pero no lo controlo. Es un espacio que crece por sí mismo, que los bailarines conocen y que ellos llevan hasta sus últimas consecuencias. Esa respiración entre la creatividad individualidad y las acciones anónimas a mí me resulta muy evocadora. El segundo motivo son los contenidos que todo eso me devuelve y que puede devolver al espectador. Tiene una profunda carga social y humana. Y esa implicación en los contenidos que tienen las obras para mí es una constante. Yo no trabajo a través de un descubrimiento formal, aunque sé que la forma es fundamental. Lo que me motiva para trabajar es que cada obra sea casi un proceso de conocimiento sobre algo. No intelectual sino sensitivo, que es fruto de una vivencia. De allí la clave de la sensibilidad visceral que se perciben en tus obras. Creo que esa clave puede estar allí y también en que hay pocos aspectos del cuerpo que no me interesen observar. Para mi el trabajo sobre el cuerpo debería abarcar a casi todos sus aspectos: los dolorosos, los placenteros, los presentables o aceptados socialmente, los impresentables, los íntimos. Siempre me encuentro a gusto trabajando cuando el bailarín llega a olvidarse totalmente de la imagen que proyecta de sí mismo y cuando yo llego, también, a olvidarme de ella. Allí se abre un espacio de libertad donde me gusta trabajar. ¿Cuál es la relación entre el material físico y los textos de Antonio Fernández Lera? Son poemas muy hermosos y creo que son perfectos para tratar un tema tan delicado como es la felicidad y la infelicidad en el hombre. La relación desde el principio entre la materia y el texto fue muy fácil, se basaba en hacer convivir las acciones físicas y una materia de reflexión, de pensamiento. Son de estas relaciones que a veces acompañan, a veces chocan, nunca tranquilizan. El vínculo de trabajo entre Antonio y yo, durante la creación de Silencio es constante e independiente. Es producto de muchos años de trabajo en conjunto, donde existe un conocimiento mutuo de nuestras obras. Son esas relaciones que se hacen de una forma inexplicablemente libre y que siempre encajan. Y es así como a mí me gusta trabajar, con libertad y sin establecer normas. Por eso mis equipos siempre los construyo con gente muy cercana, como Javier y Carlos Marquerie, que se identifica con lo que busco. En esta obra he reunido un equipo de bailarines a los que siempre he querido ver juntos. Es un verdadero equipo de lujo. |
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